Se han elegido
unos casos entre los colectivos que han aportado mayor
número de víctimas (civiles, policías nacionales,
guardias civiles), otros que destacan por las
especialmente dramáticas consecuencias del atentado (la
muerte de niños, por ejemplo), otros por las extrañas
características de la ejecución del asesinato, otros por
los azarosos cruces de caminos entre la víctima y el
victimario y la mayoría por situarse en un período (los
años ochenta) en el que la actividad terrorista era
frenéticamente salvaje.
Todos tienen en común el haberse perdido en el tiempo entre el abultado número de afectados que el terrorismo ha causado.
Todos tienen en común el haberse perdido en el tiempo entre el abultado número de afectados que el terrorismo ha causado.
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